domingo, 12 de noviembre de 2006

Domingo.

El domingo siempre tiene un tinte melancólico que lo distingue del resto de los días de la semana. No es sólo que todo ocurra más lento, que las calles estén más vacías y que el cielo sea siempre, inexplicablemente, un poco más gris de lo que corresponde a la época del año, sino que el cuerpo parece percibir de alguna manera que no entiendo, que es domingo y parece condicionarse a la ejecución de actividades netamente dominicales. No existe la necesidad de levantarse y empezar un día, porque el domingo tiene la característica de no empezar nunca. Es como esas malas películas que nunca llegan al clímax que dé paso al desenlace, sino que la trama es monótona y parece que no empieza nunca.

La relatividad del tiempo escapa a sus características meramente físicas, los minutos se inflan y se desinflan sin seguir causalidad alguna, existe una suerte de rebeldía interestelar que juega con las convenciones de los días hábiles y se desentiende de ellas para darle importancia al domingo.

Sin embargo, la característica dominical por excelencia parece ser esta tristeza de manifestación estomacal que es como una molestia leve, que no llega a ser una certeza, pero que se anida domingo a domingo en mi cuerpo. He llegado a pensar que esa tristeza no existe exclusivamente los domingos, sino que es un elemento permanente de mi humanidad, pero que sólo se le presta atención el día de menos actividad.

Como el masoquismo siempre ha sido una constante en la especie humana, en menor o mayor medida, me declaro secreta fanática de la pasividad dominical, de la melancolía de esas tardes sin sentido, de la poca productividad aun teniendo el escritorio lleno de trabajo fermentando, del silencio involuntario pero infinitamente agradecido, de los análisis profundos de situaciones nimias, de la sobredosis de tiempo que, cuando anochece, me parece que ha adquirido las características de carencia mirando en retrospectiva. Nunca es suficiente domingo.

2 comentarios:

Antonia Katz dijo...

Pasé a devolver la visita y me encuentro con una acertada radiografía de día domingo. Para otros será distinto entre almuerzos familiares y niños?. Para mí tienen esa característica tristeza de acabo de mundo, tan breve que cabe en siete días.

Un abrazo

carito dijo...

Holas:

Exacto lo que dices,, los días domingos son LENTOSSSSSS!!!, sin ganas de algo,, lástima que para mi es el día de aseo profundo, planchado, cocinar, tareas con mi hija,, pero por lo menos me doy el permiso de levantarme algo mas tarde, no arreglarme y andar todo el día con buzo y zapatillas...
Y como las 10 de la noche, me concientizo para comenzar un nuevo día lunes....

Cariños y te estoy leyendo

Caro